| Una vez descubierta y valorada la riqueza
del yacimiento minero a través de prospecciones, la
primera fase de explotación
consistía en abatir y deshacer el conglomerado aurífero.
Las técnicas empleadas variaron en función de
las características del conglomerado:
- Cuando éste no poseía mucha potencia o
sólo era necesario extraer una capa del mismo, bastaba
con utilizar el agua como agente erosivo por gravedad.
-Cuando se contaba con una pendiente considerable, el
agua se arrojaba desde los depósitos para que fuese
arrastrando el conglomerado aurífero, como si de
una cárcava o zanja artificial
se tratase. Este sistema puede observarse muy bien en
las zanjas de El Couso y La Furnia, al este del Mirador
de Orellán.
-En otros casos, como en La Frisga, los niveles más
ricos en oro se explotaron selectivamente, haciendo sucesivos
surcos convergentes por
donde se arrojaba el agua para arrastrar todo el conglomerado.
- Cuando la masa a abatir era más gruesa (a veces
hasta más de 100 m) la técnica empleada fue
la que Plinio El Viejo denominó ruina
montium, es decir "el derrumbe de los montes".
Este sistema puede comprenderse muy bien desde el Mirador
de Orellán: el conglomerado era minado por un conjunto
de galerías y pozos por los que se introducía
el agua para provocar su total derrumbamiento. Esta
técnica se aplicó para alcanzar de una sola
vez los niveles que poseían más oro .
Es posible que La Cuevona y La Cueva de la Encantada sean
restos de este procedimiento que, con el paso del tiempo,
se han venido abajo.
La segunda
fase del proceso era el lavado
del aluvión. También aquí el agua
era importante ya que tras servir como fuerza de extracción
y arrastre del conglomerado, el flujo resultante se encauzaba
hacia unos canalones de madera donde las partículas
de oro quedaban depositadas por gravedad. Aunque estos (agogae)
no se han conservado, si que han quedado las evidencias sobre
el terreno del lugar donde estarían colocados. En
la Llagúa de Yeres se ven con gran claridad.
El último paso
del proceso de explotación aurífera era la evacuación
de los materiales estériles. Los estériles
más gruesos, los cantos rodados más grandes,
eran apilados a mano en grandes montones antes de que el conglomerado
pasase por las agogae. Hoy
en día pueden verse estas acumulaciones de cantos o
"murias" en el paisaje de Las Médulas.
Los estériles más finos eran evacuados fuera
de la mina. La envergadura de estos materiales es tal que
rellenaron antiguos valles, como en la zona de Chaos de Maseiros,
al noroeste de Las Médulas, donde, al formar una barrera
artificial, propiciaron la aparición del lago de Carucedo.
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